martes, 20 de mayo de 2014





Desde hace mucho tiempo admiro y reverencio la fragancia de Dior llamada Dioríssimo, producto de la elegante y refinada nariz de Edmond Roudnizka; trasmite en sus notas de salida un delicado vaho de hojas verdes, tiene una suave y sedosa base sándalo y el corazón de la fragancia es lo que la hace absolutamente única. Para lograrla su creador se dedicó a replicar el aroma  las flores de muguet, de las que es imposible obtener su aceite esencial, por esos misterios de la naturaleza que la misma se empeña en no entregar a los humanos, pero en este caso, y fruto de pacientes búsquedas en las colinas de Cabris, su creador logró un aroma tan similar que cada vez que lo  huelo no puedo sino acordarme de aquella tarde en que por primera vez me incliné sobre una pequeña planta de muguet y sentí su aroma embriagador.
Como la suerte me acompaña en ciertos caprichos, he conseguido un pequeño lote de frascos "sin vapo" uno de los requisitos para que me enamoren, en una muy antigua perfumería, que lo conservó "olvidado" en un sótano y salió a la luz justo para mostrarse ante mis sorprendidos ojos...
Que más decirles que me abalancé sobre ellos y ahora, ahí están mirándome desde el lugar de mis perfumes, todos salvo el que está abierto, en mi mesa de luz, y me acompaña de día para salir a trabajar y todas las noches para endulzar mis sueños.