Lavandas

Hora del Lavandas

 
 
 
La Lavanda es un pequeño arbusto leñoso, de carácter perenne, que habita extensas zonas mediterráneas donde se lo usa desde antaño con fines de limpieza y medicinales, aunque es originaria del norte de África y el sur de Europa, donde se la usaba ya desde la época de los romanos para perfumarse, aromatizar los baños, aliviar las mi grañas y ahuyentar insectos. Hay más de 65 especies diferentes, adaptadas cada una a la zona donde le toca vivir. Y también de acuerdo a eso recibe diferentes nombres, los más conocidos han sido Alhucema, Espliego y Cantueso.  
La planta tiene hojas pequeñas, lanceoladas de un pálido color verde, adaptadas al clima rígido que muchas veces soporta, ya que se adapta a regiones desérticas en el norte de África e India, donde el agua es escasa y los suelos arenosos y muy permeables. Las flores son unos penachos de diferentes tonalidades de “azul añil”, ó como muchos lo llaman, “azul lavanda”.
Las plantaciones más extensas de la actualidad se extienden en la región de Provenza, sur de Francia, donde se torna en un verdadero placer recorrer caminos y pequeños pueblos que prácticamente viven de los productos obtenidos de esta  mágica planta.
La lavanda florece en el verano por eso es que el otoño la época ideal para obtener productos muy frescos. En el atelier, he hecho recibimos todos los inicios de otoño grandes ramos que perfuman nuestra casa y nuestra alma, con ese inigualable toque fresco que aportan sus espigas.
 
 
 
 
 
 



Por fin había llegado el día, hacia meses que soñaba con ese momento: mi primer contacto con un campo de lavandas. Hoy, a la luz de las ya muchas veces que lo recorro, se ha vuelto casi una parte de mi, seguir los surcos, convivir con las abejas, esperar el atardecer mientras atamos los ramos debajo de un árbol y comienza a soplar suavecito el viento fresco del atardecer que trae inmensos nubarrones que nunca descargan su lluvia durante el día y nos permiten disfrutar de incontables jornadas de sol intenso...... Pero ese día, esa primera vez, fue algo especial.
Yo había sugerido recolectar mis propias lavandas, ante la imposibilidad de que llegaran frescas a Buenos Aires, y mi necesidad de procesar las famosas "Navettes" con las espigas todavía maleables, ofreciendo que podía ir allá, llevar mi propia gente, y hacerme cargo de la colecta, pero cuando finalmente el dueño del cultivo me autorizó a ir, comenzó un viaje mágico del que todavía hoy, muchos años después, tengo presente cada momento. Viajamos hasta la provincia de San Juan, nos internamos hasta un valle en medio de la cordillera, un viaje como el del General San Martín, bordeando el río Los Patos, casi 5 larguísimas horas de "combi", y con 40° G de temperatura promedio, por un camino de cornisa, que tiene tanto de maravilloso como de peligroso, de hecho son menos de 200 Km. y se tardan entre 4,5 y 5 h. para realizarlo con seguridad.  Cuando llegamos al valle, tuve la sensación que de a poco nos habíamos ido internando en el tiempo, la posada, un caserón del siglo XIX … A la mañana siguiente..... al fin había llegado "El Día".
Me informaron que Celedonio nos vendría a buscar alrededor de la 7:00 de la mañana, era el encargado del campo al que nos dirigíamos. Nos cargó en la camioneta, y nos dirigimos al cultivo...  Casi veinte minutos de andar por un camino sinuoso...  y de repente al doblar una esquina arbolada..... ahí estaba!!!
Creo, a pesar de que lo he intentado, nunca lograré describir con exactitud mi sensación al llegar, frente a nosotros, imponente aunque humildísimo en su grandeza, azul, celeste, verdes pasteles, aroma a aire, a tierra, a flores: aroma a vida; 9 hectáreas en flor, esperando la mano sutil …y exhalando su tenue perfume "a lavandas" cuando la brisa las movía, inmutables, indiferentes, pero a la vez dándonos la bienvenida con su perfume, el tan codiciado Aceite Esencial de Lavándula Vera, un producto muy buscado y de alta cotización en el mundo de la perfumería fina, cuando como en este caso es puro. Celedonio se limitó a decir: acá lo tiene...! Nos dio un par de tijeras, las canastas y nos deseó buena suerte…
… ahí quedamos... mis dos ayudantes y yo, tratando de decidir qué mirar primero!!! Finalmente luego de unos minutos de consternación y admiración y deslumbramiento, nos "instalamos" debajo de un eucaliptos gigante, cuyas ramas colgaban hacia el cultivo por una parte y hacia la acequia de agua fresca (y pura) por la otra....y comenzó la tarea, debíamos antes que nada invitar suavemente a deslizarse hacia un costado la gran cantidad de abejas que liban desde temprano en el campo, que entre mansas y asombradas por nuestra intromisión, se dirigían hacia las plantas linderas a nuestra labor. Inclinándonos sobre las plantas, comenzamos a tomar las espigas desde la base y cortarlas, una a una, en una paciente labor. Luego de la primer hora de trabajo, noté que me dolía la espalda por la mala posición y lo recolectado era tan magro que no me alcanzaría el año entero para recolectar el campo completo y solo disponíamos de unos pocos días hasta que las flores comienzan a caerse, entonces "perfeccioné" la técnica comenzando a recolectar "de a ramos" con lo que el trabajo avanzó notoriamente.

Al fin de esa primera mañana, nos sentamos junto a los grandes mazos de flores azul grisáceo recién cortadas, reposando en las canastas planas (para no dañar las flores. El trabajo continuó hasta casi las ocho de la noche, ya que en esa zona y siendo verano la claridad dura hasta más de las nueve. El trabajo se prolongó durante 5 días más, siempre respetamos el ritual, la hora de comienzo, el eucalipto protector, la convivencia con los pájaros, el compartir "pacifico" con las abejas, el agua fresca de la acequia, el retorno al anochecer.
Recién cuando nos subimos al avión de vuelta... cómo explicarlo? teníamos las piernas llenas de pequeñas lastimaduras, producto de caminar entre las plantas ya podadas, los hombros mas quemados que las caras…  Allí fue donde sentada cómoda, al fresco artificial de la cabina y alejada de aquel mágico lugar, sentí que me había quedado el alma impregnada del olor de la tierra, y los sentidos imbuidos del aroma de las lavandas .... y me pregunté:Cuando volvemos a los cultivos, en donde se genera en cada planta una vida.... no será que en definitiva estamos buscando volver a los orígenes, que estamos buscando inconscientemente volver a conectarnos con todo lo que de "sagrado" tiene ese contacto inmaculado con la Pacha Mama...?











 
 

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